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catalunya
@ 2006-05-20 - 16:37:11
A Ciutat Vella hi ha un projecte que val la pena, és innovador i fresc, una aportació per afrontar el repte de la multiculturalitat, l'educació i la inmigració a la nostra ciutat.
Un exmple de com per damunt dels interesos partidistes i particulars es poden trobar col·laboracions per donar respostes.
Aquest exemple és l'Escoola Labouré.
L'escola pertany a la congregació de les Filles de la caritat de Sant Vicenç de Paül, com les set escoles següents de Barcelona:
Escola Sagrada Família Comte d'Urgell, 262
Escola Sagrat Cor Aldana, 1
Escola Sant Joan Baptista Balboa, 19-27
Escola Sant Vicenç de Paül Hostafrancs, 13-15
Escola Marillac Provença, 389
Escola Sant Rafael Roger de Flor, 98
Escola Solc Nou. Av. Hospital Militar, 165
Al seu web
www.escola-laboure.com
S'afirma el següent:
"El centre Labouré va sorgir de la unió entre l'Escola Parroquial del Carme i l'Escola Misericòrdia i es troba al barri del Raval de Barcelona. En aquells moments el nostre era un barri obrer. Actualment és possiblement el més intercultural de la ciutat i en ell es troben persones amb dificultats socioeconòmiques. El nostre centre intenta donar resposta al repte de la interculturalitat i a l'atenció a la diversitat, tenint en compte les necessitats socials d'un barri en contínua transformació."
Anexe, article publicat a la Vanguardia el passat 12 d'abril.
LA MULTICULTURALIDAD Y LA EDUCACIÓN. Una escuela que casi es la ONU
En el centro Labouré, del barrio del Raval, conviven niños de 20 países
La escuela Labouré es un ejemplo de la variedad cultural de Barcelona: un centro concertado en el que el 69% de los escolares es de origen extranjero
MERCÈ BELTRAN – LA VANGUARDIA, Barcelona, 12 d’abril de 2004
Carme lee un verso en catalán y pide a las niñas y niños que la escuchen atentamente porque luego tendrán que escribir un poema. Sant Jordi está cerca, y cada uno deberá contribuir a la fiesta de la cultura con su propia composición. Erik levanta la mano para decirle a la profesora que ya tiene listo su poema. Carme dice a sus alumnos, de 6.º de primaria, que escuchen con atención y después de la lectura les pasa unos libros de poemas para que los estudien. Ellos tienen prisa, y la profesora, paciencia, mucha paciencia. No en vano, de los 26 niños y niñas de su clase, uno proviene de Marruecos, dos de Guinea, otro de Perú, otro de Santo Domingo, otro de Ecuador, nueve de Filipinas, uno de Pakistán, otro es alemán, uno georgiano y ocho tienen nacionalidad española.
Esta diversidad se reproduce en la práctica totalidad de las aulas de la escuela Labouré, un centro concertado, que pertenece a la Escola Cristiana, en pleno corazón de Barcelona. Está en el barrio del Raval, lugar donde se concentra gran parte de la inmigración que llega a la ciudad. El 69% de los 316 alumnos que tiene el centro son de origen extranjero, y el 43,98% tiene nacionalidad extranjera.
La calma y sencillez con la que Àngels Berengué, directora de la escuela, aborda la casuística del centro es admirable. Por cómo relata el día a día se diría que en esa escuela todo es normal. Sin embargo, a medida que avanza la conversación, y sin que en ningún momento ella pierda la tranquilidad, se va descubriendo la complejidad y cómo gracias a la buena voluntad, 22 profesores y medio, asistentes sociales, voluntarios y otros, se superan situaciones como que más de la mitad de las niños y las niñas no hable catalán, “lengua en la que se enseña”; que muchos de ellos se incorporen a la escuela a medio curso; que los padres no estén acostumbrados a implicarse en la educación de los hijos o que cada día se elaboren dos menús, uno para musulmanes y otro para las otras confesiones.
La titularidad del centro es de la Fundación Casa de la Misericòrdia, de las hijas de la Caridad, y la práctica totalidad de éste está ubicada en lo que antaño fue la Casa de la Misericòrdia. Se trata, como se ha dicho, de una escuela cristiana que trabaja con un concepto intercultural de la religión, potenciando la integración y convivencia entre las diversas culturas y etnias que allí se hallan. Otro tipo de actuación sería impensable.
El calendario religioso de la escuela obedece, precisamente, a esa diversidad, y de la misma forma que se celebra la fiesta del cordero (musulmana), se festeja el Yom Kipur (judía), y por ende, hay otras católicas que no se incorporan a este peculiar anuario. “Trabajamos la convivencia y la coexistencia de la misma forma que se da en el barrio. Es la dinámica con la que funciona la totalidad del claustro de la escuela”, explica Àngels Berenguer, mientras abre la puerta de las aulas para que podamos constatar cuán clara es la diversidad y, con ella, la multiculturalidad.
La escuela Labouré no es una torre de Babel. El catalán es la lengua vehicular y los niños se comunican como pueden. La mayoría lo acaba haciendo en castellano.
Un equipo de profesores es el motor del proyecto educativo. En éste núcleo están representadas todas las etapas de escolarización. Primero se trabaja en el plan de acogida. “La parte afectiva -señala Berengué- es muy importante porque cuando los niños llegan se encuentran muy solos. La vertiente afectiva es la principal, después ya vendrá el proceso de aprendizaje.”
Dependiendo de las necesidades de los alumnos, éstos tendrán más o menos horas de taller de lengua, de tutoría o de logopeda y, en función de las condiciones de cada uno, se adaptará el currículo. Durante la primera etapa, mientras dura el plan de acogida, los escolares no tienen material escolar. Se les observa y se estudia su grado de conocimiento. El segundo paso, una vez superada la fase de acogida, es trabajar en las áreas instrumentales, la lengua y las matemáticas y, a partir de ahí, o bien se montan grupos, o bien se trabaja en una sola clase, o bien se crean grupos de apoyo específico, o bien... “En esta escuela todo es definitivamente provisional”, señala con una amplia sonrisa la directora del centro.
Éste es uno de los centros denominados de “atención educativa preferente”, designación que ahora se elimina, aunque no las posibles ayudas extras que un centro así recibe de la Administración. Lo cierto es que el módulo del concierto no cubre ni mucho menos las necesidades del centro, y la mayor parte de los padres no puede pagar los 17 euros complementarios, así que la escuela sobrevive con subvenciones de otras entidades, ayudas... “Nos hemos movido para buscar recursos”, explica la directora. “Si tuviéramos más medios, podríamos personalizar más la tarea.” Voluntarios, hermanas de la Caridad jubiladas; ex alumnos, todo es poco para esta escuela singular. Berengué recuerda que la escuela no lo es todo y que en el barrio faltan muchas cosas que facilitarían su tarea, como servicios sociales, educadores de calle, centros de salud mental. Al no existir estos servicios, la escuela está obligada a dar una respuesta global, de ahí la petición de la Fundació Escola Cristiana de que el Govern elabore un plan de acogida para la inmigración, porque “la escuela no es una isla. Al salir de aquí, los niños no tienen nada. Hablamos de niños y niñas, y también de familias”.
PROCEDENCIA
Orígenes diversos con fácil convivencia
De los 316 alumnos de la escuela Labouré, la mayor parte, 113, son de origen filipino, aunque algunos de ellos han nacido ya en España. Ecuador, con 24 niños y niñas, es el segundo país de origen, seguido de Marruecos (16), Guinea (12), Pakistán (12), Santo Domingo (8), Colombia (7), Argelia (5), Perú (5), Alemania (3), Gambia (3) y Rusia (2). Después, con un alumno por país, están Chile, Argentina, El Salvador, Bolivia, Francia, Moldavia, Siria y Georgia. Los de origen español son 98, un 31% de total. Todos conviven sin dificultades y se entienden.